Un animado centro urbano
La primera mención de Mazargues se remonta a finales del siglo XI. En aquella época, todavía no existía ningún pueblo en esta parte apartada de la ciudad. Poco a poco se fue desarrollando una aldea que ofrecía a sus habitantes una calidad de vida excepcional. Al menos, así lo cuenta Madame de Grignan en algunas de sus cartas. La hija de Madame de Sévigné se deshacía en elogios hacia Mazargues, donde poseía una casa de campo. En una carta dirigida a Madame de Coulanges en 1703, afirma que allí «sólo hay gente que muere a los cien años» y que «no se conoce la enfermedad». Incluso llegó a afirmar que «si hay un pueblo que se acerca a la idea de la gente feliz retratada en Télémaque, ése es el pueblo de Mazargues».
Desde entonces, la ciudad de Marsella ha alcanzado al antiguo pueblo, pero éste ha conservado su alma: el bulevar de la Concordia y la calle Émile Zola albergan comercios locales, boutiques y restaurantes, que contribuyen a una animada vida de barrio. La iglesia parroquial dedicada a San Roque se alza en el centro del casco histórico de Mazargues: construida entre 1845 y 1851, su interior presenta una escultura contemporánea de André Gence, un fresco, pinturas y estatuas.














