Una ciudadela para proteger Marsella
Desde siempre, el mar Mediterráneo ha ocupado un lugar central en la historia de Marsella. Si bien ha contribuido en gran medida a la prosperidad de la ciudad, también ha constituido una vía de invasión. En 1524, Marsella fue sitiada por los ejércitos del Sacro Imperio Romano Germánico. La ciudad solo se salvó gracias a sus murallas y a la llegada anunciada de refuerzos franceses.
Consciente de la importancia estratégica de Marsella, por entonces un próspero puerto abierto al Mediterráneo, Francisco I decidió reforzar la defensa de la ciudad. Mandó construir una fortaleza en un islote azotado por el mistral, situado en un lugar ideal a la entrada de la cala de Lacydon, el antiguo nombre del Puerto Viejo. Esta ubicación permitía al futuro castillo de If cumplir tres misiones esenciales:
- impedir que una flota enemiga invadiera Marsella por mar, como ocurrió en 1423 durante el ataque de las tropas aragonesas;
- proteger los arsenales reales y asegurar las entradas y salidas de las galeras atracadas en el puerto;
- afirmar la autoridad del rey sobre una ciudad con un fuerte espíritu de independencia, incorporada al Reino de Francia a finales del siglo XV al mismo tiempo que la Provenza.
A principios del siglo XVIII, en 1702, Vauban reforzó las fortificaciones. El ingeniero militar mandó construir, entre otras cosas, nuevas baterías costeras bajas, así como un cuartel. Aún hoy, este notable conjunto militar da testimonio de la importancia estratégica del castillo de If en la historia de Marsella. Está catalogado como Monumento Histórico desde el 7 de julio de 1926.

















