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Marsella a través de los siglos

Su geografía marca su historia...
Encerrada en una corona de colinas y calas, la ciudad se extiende en una franja de 57 km a los largo del Mediterráneo. El sol es un atractivo dentro de su agradable entorno. Marsella es una ciudad predestinada desde hace 28.000 años, como lo prueban sus pinturas paleolíticas de la Gruta Cosquer.

Acogedora, esta tierra a sabido retener a los hombres del neolítico (VI-V milenio A. de C.), los primeros agricultores-ganaderos cuya presencia se ha revelado en las excavaciones cerca de Porte d’Aix en 2006-2007.
 
A lo largo de los siglos, la trama urbana se ha desarrollado alrededor del Viejo Puerto, estanque situado en la cala del Lacydon donde los marineros griegos procedentes de Focea en Asia Menor fundaron la ciudad en 600 antes de J. C.
Dedicada al comercio desde su creación, Massalia amplió su zona comercial implantando factorías (Hyères/Olbia, Antibes, Nice). Emporio romano en el siglo III antes de J.C., asediado por Julio César en 49 antes de nuestra era, su espíritu de independencia le permitió conservar sus prerrogativas de ciudad libre y desarrollar su comercio por el Mediterráneo.

A lo largo de los siglos, la ciudad se desarrolló de la orilla Norte del puerto hacia el Sur. En la Edad Media, Marsella se dota de importantes construcciones religiosas tales como la abadía Saint-Victor fundada en el siglo V o la Catedral Nuestra Señora la Mayor denominada la Mayor cuya parte antigua se edificó en el siglo XII.

Anexado al reino de Francia desde 1481 por el Rey René, la ciudad despierta el interés de los monarcas franceses.
Con el fin de protegerla de los ataques desde el mar, Francisco I manda edificar una fortaleza en la isla de If, el Castillo de If, que alcanza la fama por la novela de Alejandro Dumas El conde de Montecristo.
En el siglo XVII, Luis XIV ordena la ampliación de la ciudad hacia el Sur y la construcción del arsenal de Galères. En esta época la ciudad sobrepasa la Canebière (arteria principal de la ciudad) y abre calles rectilíneas donde se construyen hermosas residencias particulares. Asimismo, manda construir dos fortalezas que enmarcan la entrada del puerto: el fuerte de San Nicolás en la orilla Sur y el fuerte de San Juan en la orilla Norte. Emblemas del poder real, cumplían la función de vigilar la ciudad y sus habitantes.
El Hôtel de Ville simboliza el nuevo estatus político de la ciudad ordenado por Luis XIV. De este período data igualmente el hospicio de la Vieja Caridad de Pierre Puget.

Marsella, poderosa gracias a su comercio marítimo, adquiere su fisonomía actual en el siglo XIX. Se realizan grandes obras que modifican de forma duradera el urbanismo y la arquitectura. La ciudad se completa con un nuevo puerto, el puerto de Joliette, nuevas arterias parecidas a las realizadas en París, como la actual calle de la República, que actualmente es objeto de un amplio programa de rehabilitación, y numerosos edificios prestigiosos, entre ellos la basílica Notre-Dame de la Garde, el Palacio de la Bolsa, el Palacio Longchamp, la Prefectura, el Palacio de las Artes, la catedral de la Nueva Mayor…
La vida trepidante de la ciudad se concentra entorno a la actividad portuaria y la Canebière. En esta famosa avenida reina una intensa animación gracias a los grandes cafés de la época, donde se encuentran comerciantes y armadores. También encontramos grandes hoteles de lujo donde se alojan personajes famosos del mundo de la político, económico y artístico.

Marsella es decididamente una ciudad en movimiento, que sabe vivir el momento. La época contemporánea no rompe con esta tradición. Tras la Segunda Guerra Mundial, el arquitecto Le Corbusier construye, en el Sur de la ciudad, la Cité radieuse estudiada y admirada por generaciones de arquitectos.

A principios del siglo XXI, la ciudad se orienta hacia su futuro y cambia su aspecto. El proyecto de ordenación urbana Euroméditerranée, la mayor operación del estado realizada desde la construcción del barrio de negocios de la Défense de París, se encuentra en el centro de esta dinámica que combina la rehabilitación de lo antiguo y las construcciones modernas. Nacen nuevos barrios residenciales y de oficinas de los antiguos baldíos industriales. El mundo de la banca y financiero se codea con el sector de la high-tech y la comunicación. A esta metamorfosis urbana se añade la implantación de un tranvía.

OTCM