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Las navettes


Desde el año 1782, las Navettes ya no se distribuyen en Saint Victor, sino que son vendidas en el “Four des Navettes”, la panadería más antigua de Marsella, situada casi en frente de la abadía. Estos dulces, cuyo nombre y forma recuerdan los de un barquito, son el fruto de la imaginación del fundador del célebre Horno.

La historia dice que con este dulce se quería recordar una antigua leyenda. En el siglo XIII, la estatua de una virgen (Nuestra Señora del Fuego Nuevo para unos, la Virgen protectora de las Gentes del mar para otros) habría embarrancado en las orillas del Lacydon. Hecha en madera policromada, la virgen llevaba una túnica verde y una corona de oro. Los marselleses vieron en ella un signo del destino y un símbolo de protección.

Algunos dicen que la navette era una evocación de la barca de Isis o de la que llevó a las Santas Marías (Jacoba, Salomé y Magdalena) a las costas de Provenza.
Más allá de estas interpretaciones, de las que no se puede afirmar su certeza, el hecho es que desde hace más de 200 años se guarda celosamente el secreto de fabricación de estos dulces.

Elaboradas de manera artesanal, confeccionadas con una pasta preparada en la vieja artesa de aletas a partir de harinas cuidadosamente seleccionadas, y cocidas en el horno construido en 1781 según el modelo romano original, las navettes tienen un sabor incomparable.

Desde su creación, el Horno des Navettes, que no ha conocido más que tres propietarios en dos siglos, nunca ha desmentido su relación con la tradición que tanto aprecian los marselleses.     

OTCM