Navidad

  • La feria de las figuritas anuncia los comienzos de la Navidad, y se expone a lo largo de las Avenidas de Meilhan,
  • Las festividades se concentran en el día de Santa Bárbara con la plantación del trigo y de las lentejas en copelas,
  • se concretan con la gran cena, el 24 de diciembre,
  • se aprecian con las pastorales,
  • se prolongan el 6 de enero con la Epifanía,
  • se terminan el 2 de febrero con la Candelaria.

En Provenza, Navidad es una sucesión de ritos y costumbres que se realizan con todo el respeto a las tradiciones y que les proponemos descubrir y compartir con alegría y buen humor.

La feria de las figuritas de Navidad (“Les santons”)
– desde el último domingo de noviembre hasta el 31 de diciembre
Organizada por el Sindicato de los “Santonniers”.

La feria de las figuritas de Navidad, o “santons”, constituye una de las tradiciones más vivas y más populares de Marsella. Sus orígenes se remontan a los días de la Revolución Francesa, y hacen de ella la feria de figuritas más antigua de toda la Provenza.
En efecto, la tradición marsellesa de la feria de figuritas de Navidad nació como el resultado del fervor popular por la celebración de la Navidad, por un lado, y la aparición de esta figurita típicamente provenzal que es el “santon”, por otro.

Al reunir a varias de las más viejas familias de “santonniers”, permite al aficionado procurarse las variedades de figuritas más raras y más originales, así como los belenes de estilo tradicional, en cartón, corcho o papel encolado.
La feria de las figuritas de Marsella se abre todos los años desde el último domingo de noviembre hasta el 31 de diciembre. Su inauguración se efectúa al son de los tamboriles y en presencia de numerosos grupos folklóricos, a continuación de la misa de los “santonniers”, que se celebra en la lengua provenzal, en la Iglesia de los Reformados, en lo alto de la Canebière.
Cada santonnier crea figuritas tomando su inspiración del folklore y de la tradición, como el pastor que ofrece el cordero, y la mujer con la gallina negra, cuyo caldo se recomendaba para los recién nacidos.

Así, podrán encontrar, entre esas siluetas, todos los pequeños oficios del siglo pasado: el panadero y su cesta de hogazas, la vendedora de ajo, la pescadera, el criado de la granja portando la linterna, el pescador con su red al hombro, la mujer del botijo que viene de sacar el agua fresca del pozo.

Fiesta de Santa Bárbara,
Las fiestas de invierno se suceden con vistas a apresurar la vuelta del buen tiempo. Desde principios de diciembre, el hombre piensa ya en la promesa de una recolección próxima, que lleva dentro de sí la tierra helada por el frío –según el mito profundo de Démeter y de Coré, cuya persecución simboliza el ciclo del invierno y el verano. En la fiesta de Santa Bárbara, los niños siembran en una copa el “trigo de Santa Bárbara”, granos de trigo o de lentejas, cebada, garbanzos, de germinación rápida: legumbres que son un presagio de la primavera, durante las frías jornadas del invierno.

Esta costumbre proviene directamente de la Antigüedad, aunque la fecha del rito haya sido desplazada desde la canícula hasta el pleno invierno. Los “jardines de Adonis”, sembrados en lo más fuerte del verano, florecían en las casas del Asia Menor, en honor del dios que representaba las fuerzas de la vegetación, secas por los ardores de julio – igual que en Occidente se queman por el frío del invierno.
En Roma y en Sevilla se vendían tarrinas barnizadas para estos jardines simbólicos que pertenecen al folclore del Mediterráneo.

Pastoral
Una tradición provenzal muy viva en Marsella; se trata de una pieza de teatro que evoca la natividad, representada en lengua provenzal o en francés, y en el curso de la cual intervienen numerosos personajes: pastores, afiladores, etc...

Las principales pastorales son :

  •     La pastoral Maurel, (en lengua provenzal)
  •     La pastoral Audibert (en francés)
  •     La pastoral de grupo de la Calle Nau.

de finales de diciembre a finales de enero

La Candelaria en Saint Victor
La Abadía de Saint Victor es uno de los principales monumentos de Marsella. Su origen se remonta al siglo III.
El primero y el más viejo santuario de Marsella, se convierte rápidamente en un lugar de peregrinaje. La Basílica que hubo en primer lugar, que es la cripta actual, fue edificada por Jean CASSIEN hacia 420-430, para albergar los restos de los mártires que habían sufrido suplicio, y así poderlos glorificar.
No fue hasta el siglo XI cuando comenzó la construcción de la Abadía, cuyas obras continuarían hasta el siglo XIV, bajo la égida del Papa Urbano V.

Es en este lugar en donde la iglesia de Marsella ha celebrado en todos los tiempos su victoria (¡Víctor, el Victorioso!). Los mártires han confesado allí su fe, de donde le viene el nombre de Nuestra Señora de la Confesión de los Mártires, denominación que tenía el monumento cristiano en la antigüedad.
Desde la Edad Media, conserva en su seno una virgen negra policromada, esculpida en madera de nogal. La estatua muestra todavía hoy toda la belleza de sus colores, como el verde y el oro de la túnica de la Virgen y del niño Jesús. María aparece como una madonna sonriente de porte elegante. El Niño Jesús, sentado sobre sus rodillas, sostiene el mundo con su mano izquierda, y levanta la derecha haciendo el gesto de la bendición. Desde finales del siglo XIII, esta Virgen negra es objeto de una ardiente devoción popular durante la semana de la Candelaria.

El origen de las peregrinaciones se remonta a la Antigüedad. En efecto, la leyenda romana cuenta que fue el Rey Numa quien, para regularizar el calendario, añadió dos meses a los diez ya existentes, colocando el mes de febrero en el último lugar.
La palabra februarius (febrero) procede así del verbo februare, que significa "purificar".
He aquí la razón de que el comienzo de ese mes fuera dedicado a ceremonias de tipo lustral, las februales, a las cuales daba lugar ese último mes del año romano, siguiendo un espíritu de expiación. Acercando su idea de la penitencia a esa corriente de purificación pagana, la Iglesia escogió bautizar cirios verdes, color que evoca desde la antigüedad una idea de expiación.

Cirios verdes y “navettes” para la Candelaria
Todos los años, el 2 de febrero, la Virgen negra sale de las criptas de Saint Victor para realizar una pequeña procesión por la plaza, seguida por los fieles, que llevan un cirio verde. Desde las primeras horas de la mañana, todo el barrio comienza a animarse. Desde el centro de la ciudad, los peregrinos suben hacia Saint Victor. Son alrededor de unos 1.500 los que quieren participar en la primera misa del octavo de la Candelaria, en una abadía demasiado pequeña para acoger a todos !

El Arzobispo desciende a las criptas para ir a buscar a Nuestra Señora de la Confesión, vestida con su manto verde y oro. La bendición se desarrolla en la capilla de la confesión, después la procesión se dirige hacia la basílica superior. En la plaza de Saint Victor, el arzobispo procede a la bendición de la ciudad y del mar, antes de que la procesión vuelva a la abadía. La procesión pasa por el Horno de las “Navettes” (dulces en forma de barquillas), y es bendecido, al igual que sus navettes, en una reminiscencia del tiempo en el que fue creada la panadería, edificada en el territorio de la Abadía. Seguidamente, se vuelve a bajar a la Virgen a las criptas, donde durante ocho días se dirán misas cada hora.

Al final de la misa, es costumbre comprar un cirio verde y navettes. En otros tiempos, en efecto, durante los ocho días de fiesta de este periodo de la Candelaria, se distribuían en la cripta el pan bendito y después una navette. Esta última la conservaban los marselleses en el cabecero de su cama, con el mismo tratamiento que daban al cirio verde fijado al lado del crucifijo.

Hoy se hace cola en las puertas del Horno de las Navettes, para comprar sus dulces benditos y para proteger con ellos a su casa y a los suyos. Durante la semana de la Candelaria se venden cada día entre ocho mil y diez mil navettes.

OTCM