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Los "santons"

Emblema de Provenza en el mundo entero, la figurita de barro cocido, nacida en Marsella a finales del siglo XVIII, es uno de los raros objetos artesanales que todavía siguen fabricándose con el respeto a la tradición.
Nobles descendientes de sus ancestros de miga de pan, de escayola, de cera o de vidrio soplado, la fabricación de estas figuritas se ha llevado hasta nuestros días, respetando una experiencia en la que la creación y los secretos de los talleres siempre han estado unidos.

Un mundo de arcilla
Jean-Louis Lagnel, figurista marsellés (1764-1822), es el primer fabricante de figuritas de belén al que se le conoce haber utilizado la tierra de greda. La elección de ese material fue el resultado de reconocérsele un cierto número de ventajas en relación con la escayola, como el amasado con los dedos, que permite modelar los detalles más pequeños; un secado lento, que facilita los retoques tras el desmolde; una fijación que se hace directamente mediante el pegado de los elementos que se van añadiendo, tales como los brazos, los sombreros y otros accesorios hechos de barbotina (arcilla a la que se ha añadido agua). Esto en lo que se refiere a las figuritas denominadas “sueltas”. Proveniente, principalmente, de Aubagne, la arcilla roja utilizada es un barro flexible, del cual se escoge el más fino posible para evitar las impurezas. Es a finales del siglo XIX cuando la arcilla se convierte en el material de fabricación exclusivo para las figuritas. En esta misma época, el recurso a la cocción de las piezas permite resolver el principal problema planteado por la tierra cruda: su fragilidad.
La fuerza para el amasado, la paciencia y la destreza para la pintura de las figuritas, constituyen las tres principales cualidades que debe reunir un artesano. A ellas se añaden, por supuesto, las peculiaridades de la mano que cada uno de ellos tiene, así como algunos secretos de taller que pasan de padre a hijo. En su mayoría producidas en serie, las figuritas de belén nacen a partir de un molde “de buena profundidad”, que permite tiradas múltiples con resultados idénticos. Los moldes se confeccionan a partir de un modelo al que se ha dado forma con una espátula trabajando la arcilla. Esta preparación del modelo es realmente la fase creadora del proceso de fabricación.
Tras el secado y gracias a la utilización de un proceso de encofrado, el prototipo da nacimiento al molde-madre, generalmente hecho en escayola, que permite la realización de los “moldes de tirada” que sirven para la fabricación de las piezas.
Las figuritas “sencillas”, las más corrientes en la actualidad, se obtienen a partir de un molde de dos piezas, y en consecuencia, de un modelo lo más simplificado posible. Todo el misterio consiste en ese caso en reducir al máximo los riesgos de rotura de las piezas.

Del estampado al coloreado
La fabricación puede por fin comenzar, con el estampado mediante presión sobre la arcilla, en cada una de las dos partes del molde que seguidamente se unirán, y por lo general se apretarán en una prensa, respetando el juego de las llaves y contrallaves que permite un encajado perfecto. Cuando la arcilla comienza a separarse de las paredes, las figuras se sacan del molde tras una primera fase de secado. No se llevarán al horno hasta dos o tres semanas después: la cocción durará alrededor de 10 horas, y se hará a una temperatura progresiva, que irá de cero a unos 960 grados.
ATras un tiempo para que se enfríen, de una duración aproximada de 6 horas, puede empezarse a dar color a las figuritas. Los “santons” son decorados en serie, siguiendo un procedimiento muy pautado: las partes claras de los personajes se pintarán primero, y después las más oscuras, y se irá de arriba hacia abajo.
La mayor parte de los fabricantes de “santons” utilizan preparaciones a base de agua, principalmente el guache que fabrican ellos mismos a partir de pigmentos tradicionalmente orgánicos, a los cuales se les añade goma arábiga para fijar los colores. Los ocres provienen, por lo general, de las canteras de Apt en el Rosellón. Menos frecuente es que se acuda a la pintura acrílica, y en ocasiones al barniz, para terminar el acabado o para dar un aspecto brillante a las ropas y a determinados accesorios.
Todas las figuritas propuestas por los fabricantes respetan este mismo proceso de fabricación. Tomando su inspiración de los personajes de la Pastoral, a los que vienen a añadir “figuras” que representan pequeños oficios u otros asuntos de interés más local.

 

"Belenes y figuritas de Provenza", por Régis Bertrand

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