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Las islas de la rada de Marsella

El archipiélago de Riou     
Formado en tiempos prehistóricos por el progresivo recalentamiento de la superficie terrestre, y la subida de las aguas que se produjo a consecuencia del mismo, que sumergió las vastas llanuras que existían a los pies del actual macizo de Marseilleveyre, el archipiélago de Riou, es la propiedad de Conservatorio del Litoral, hoy deshabitado, constituye un paraíso para las gaviotas y … para los submarinistas. Ofrece una serie de lugares de inmersión muy diversa y única en el mundo. La historia y la naturaleza han reunido sus esfuerzos para acumular numerosos tesoros submarinos dignos de explorarse.

La isla de Riou
Inalcanzable desde el lado de alta mar, constituye un verdadero caos de rocas verticales, de desprendimientos de torrenteras. Por el lado del macizo de Marseilleveyre, la costa se hace más suave, y ofrece varias posibilidades de acceso. La cala de Monasterio es la más frecuentada. Cerca de la playa, los tamarindos: únicos árboles que existen en la isla.
Desde la cima, que culmina a 100 m, se disfruta de un suntuoso panorama sobre las calas y la costa, desde la Camarga hasta la Ciotat. Una serie de senderos permiten descubrir esta isla salvaje, hoy abandonada por el hombre, pero que ha estado ocupada desde el neolítico antiguo por pescadores recolectores de moluscos.
En los altos de Riou están las ruinas de una torre vigía, edificada en el siglo XII, y que servía de puesto de observación para impedir los eventuales ataques de los bárbaros, en unión con el puesto de vigilancia que existía en la cumbre de Marseilleveyre.
A algunas brazas de Riou se encuentran dos islotes celebrados en el mundo entero por los apasionados de la arqueología submarina.

http://www.ilesdemarseille.fr

La isla Maïre     
Señalando el extremo sur de la rada, Maïre, frente al cabo de la Croisette, levanta hacia el cielo sus aristas de roca calcárea. Hoy prohibido d' acceso, esta isla estuvo, sin embargo, ocupada desde el neolítico, como muestran los hallazgos arqueológicos realizados en 1903.

Hacia 1920 los militares y oficiales de la marina garantizaban todavía el mantenimiento de un puesto fotoeléctrico; y en la segunda guerra mundial el ejército alemán hará construir por los italianos, en este lugar privilegiado, fortificaciones entre las que se encuentra una torreta que todavía es visible hoy en día.

Desde lo alto de sus vertiginosos acantilados se despliega una vista fantástica sobre Las calanques, la costa y, en especial, dos rocas gemelas, los “farallones”, terreno de numerosos naufragios desde la antigüedad. Al pie del islote, el esplendor fantástico de los fondos submarinos.
 
El Planier     
Desde el primer faro construido en la Edad Media para guiar a los marinos y para señalar la llegada de los piratas y de los bárbaros, el islote de Planier, que surge sobre el agua a 15 Km. mar adentro desde el Puerto Viejo, se ha visto la construcción sucesiva de 5 faros. ¡Bella misión, puesto que se trata de iluminar el mayor puerto del Mediterráneo!
La construcción actual data de 1959. Es la obra más alta de la costa mediterránea, y su plano focal se sitúa a casi 68 metros por encima de las aguas.
Sobre este islote de 3 hectáreas se eleva una fenomenal columna en piedra de Cassis, material que no se ha utilizado más que en la construcción de algunos raros edificios de prestigio en Marsella, como el Palacio de Justicia, la Prefectura o el Palacio Longchamp. Es un material que se remonta a más de 115 millones de años, y que presenta la destacable propiedad de captar los rayos del sol y de rechazar las impurezas por la noche: de este modo se mantiene con una blancura inmaculada.
Los últimos guardianes dejaron el faro con motivo de su automatización en 1992.

Así, según las palabras de Albert Londres (“Marsella Porte du Sud”):
"Se trata de un faro a dos millas de la costa. Todas las noches se le puede ver como barre con su luz el golfo y la orilla. Este faro se ha hecho ilustre en todo el mundo: se llama el Planier. A cualquier hora que lo mire usted, piense que en ese instante se está hablando de él en todos los mares y bajo todas las constelaciones. Cuando no se habla de él, se piensa en él. Pero si el Planier le recibe a su vuelta al país, también preside la despedida. Haced el viaje a Marsella, jóvenes de Francia; iréis a ver el faro. Os mostrará un camino grande que sin duda no sospecháis, y tal vez entonces comprenderéis"...

El Pequeño y el Gran Congloué
En 1952 la nave "Calypso" del Comandante Cousteau atraca en el Grand Conglué. Sus submarinistas, después de cinco campañas de búsqueda, sacarán a la superficie el pecio romano más célebre del mundo. En él se descubrirá, además de un cargamento de ánforas de vino, 7.000 piezas de vajilla.
Otros pecios, descubiertos más tarde, constituirán un extraordinario tesoro sumergido… No es extraño que la investigación en la rama de la arqueología submarina haya nacido en Marsella, y que la sede nacional de esta disciplina esté implantada en el Puerto Viejo, en la Torre de San Juan.

La isla Jarre

Frente al macizo de Marseilleveyre, constituye, junto a sus vecinas, uno de los puntos de atraque de temporada más importantes del Mediterráneo desde hace 20 siglos. Es allí en donde se incendió y naufragó, en 1720, " le Grand Saint Antoine ", navío proveniente de Esmirna, cargado de tejidos preciosos, y que trajo la gran peste a Marsella. La isla constituía, con Pomègues y Ratoneau, sus vecinas del archipiélago de Frioul, el tercer lugar de cuarentena para los barcos que querían desembarcar en Marsella.

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