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El Castillo de If
Hasta el siglo XVI, la Isla de If fue salvaje, y un refugio ocasional para los pescadores. Fue Francisco I, con ocasión de una visita a Marsella en 1516, quien, en vista de la importancia estratégica de la isla, ordenó que se levantara allí una fortaleza.
Muy pronto la fortaleza cambió de función y se convirtió en prisión: los presos más recalcitrantes, la canalla y también personas de gran influencia, pasaron temporadas más o menos prolongadas en esta fortaleza. A partir del siglo XVII, los protestantes fueron lanzados en masa a los calabozos, en donde un gran número de ellos pereció. Sin embargo, a los prisioneros de alto nivel social, la fortaleza les ofrecía unas condiciones de vida muy apreciables.
El prisionero más célebre será, sin duda, José Custodio Faria, a quien Alejandro Dumas hará inmortal en su obra El Conde de Monte-Cristo. Tras recibir a los insurgentes de 1848 y a los comuneros de 1871, la fortaleza perderá su vocación de cárcel, y se abrirá al público en 1890. En cuanto a Edmond Dantès, la crónica de If no ha guardado recuerdo. En cambio, el agujero que hizo en el muro de una de las celdas sigue siendo visible.
El Castillo de If puede visitarse hoy, gracias a una línea regular, y recibe cada año más de 90.000 visitantes.
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El archipiélago del Frioul
Silueta de roca calcárea en el mar de Marsella, el archipiélago del Frioul apunta hacia la costa los relieves agudos de sus cuatro islas: sobre una línea norte-sur, Pomègues y Ratonneau, If y Tiboulen.
El carácter firme de las islas y su relieve atormentado; las calas, playas y calitas de arena; los cortes a pico impresionantes; la calidad de la luz, la transparencia del agua, hacen de estas islas un lugar de alta seducción, un enclave todavía preservado, un encuentro auténtico con el Mediterráneo. El microclima del lugar engendra especies florales originales, que se han adaptado a las condiciones de aridez que le caracterizan. Por otra parte, el mistral es el gran actor en las islas: el viento las esculpe, las roe, las ordena.
Estas islas son así el reino de las plantas denominadas “xerofitas”, adaptadas a la sequía, y de las “alofitas”, adaptadas al ambiente salino y de formas muy curiosas. En total, pueden observarse en estas islas unas 200 especies de plantas, de entre las cuales algunas están protegidas. Estas islas son también un refugio para numerosos pájaros marinos. Son el lugar predilecto de la gaviota leucofea, el “gabian” de los provenzales.