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La antigua Charité

La antigua Charité
En 1640 el Concejo de la Ciudad decide, siguiendo la política real de “gran encierro de los pobres”, “encerrar en un lugar limpio y escogido a los pobres nativos de Marsella”.
En 1670, una asociación caritativa perteneciente al Consejo de los regidores confió a Pierre Puget, arquitecto del rey e hijo del barrio, la realización de un Hospital General para acoger a los mendigos y a los pobres. El proyecto no se llevará a cabo, y no es hasta 1671 cuando se pone la primera piedra de lo que terminará siendo una de las más bellas obras arquitectónicas de Pierre Puget, pero el conjunto no será terminado hasta 1749.
Se compone de cuatro alas de edificios cerradas al exterior y abiertos por una galería a 3 niveles sobre el patio rectangular del interior. Los tres niveles reparten también el ritmo de la vida en el interior del edificio, dando acceso a vastos espacios colectivos, tanto para trabajar como para vivir, separando siempre las mujeres de los hombres.
En el centro del patio, la capilla construida entre 1679 y 1707 constituye la obra arquitectónica de mayor importancia que Pierre Puget realizó nunca en su ciudad natal. Esta capilla de cúpula ovoidal es un ejemplo perfecto del más puro barroco italiano. La fachada actual, que quedó sin terminar desde el siglo XVIII, data de 1863, y retoma el tema de la Caridad acogiendo a los niños indigentes, rodeada por dos pelícanos que alimentan a sus crías.

Tras la Revolución Francesa, y hasta finales del siglo XIX, la Charité fue un hospicio reservado a los ancianos y a los niños. En 1905, el edificio fue ocupado por el ejército, y más tarde servirá de abrigo a los más pobres. Tras la segunda guerra mundial, el arquitecto Le Corbusier llama la atención sobre el edificio, y denuncia su estado de abandono. Destinado a la demolición, finalmente será declarado Monumento Histórico en 1951. A partir de 1968, gracias a las leyes Malraux, será restaurado de forma admirable; desde 1986, la antigua Charité es un centro multidisciplinar de vocación científica y cultural, que alberga museos y que recibe exposiciones itinerantes. Situado en el centro mismo del barrio del Panier, se ha convertido en un lugar de visita imprescindible para los turistas.

La plaza des Moulins 
El emplazamiento de la plaza des Moulins se conocía desde la Antigüedad, y forma el punto culminante de la vieja ciudad. Esta parte alta de la ciudad jugaba un papel defensivo, y en él se instalaron cañones para hacer frente a las agresiones marítimas y terrestres.
Paralelamente, la plaza fue ocupada durante mucho tiempo por molinos, cuyas aspas eran movidas por el viento. En 1596 todavía se contaban una quincena de molinos, que daban a Marsella una fisonomía muy particular. Pero la utilización del agua como fuerza motriz iba a obligar a los molinos a abandonar poco a poco su actividad. En el siglo XIX solamente tres molinos subsistían, cuyos cimientos todavía se pueden ver en nuestros días.
A mediados del siglo XIX, la ciudad hizo arrasar los edificios existentes, con el objeto de crear una plaza arquitectónicamente más homogénea, con sus árboles, su campo de bolos, y más tarde su escuela, que le confería un aspecto pueblerino. Bajo la plaza fueron creadas, en 1849, unas cisternas que suministraban agua a la ciudad. La Comisión de Interés por el Barrio del Panier estudia actualmente un proyecto de Museo sobre “la Historia del agua en Marsella”.
Desde 1983, la ciudad de Marsella ha emprendido la rehabilitación del Barrio del Panier, y una fase inicial de los trabajos se ha dedicado a devolver a la plaza des Moulins su aspecto amable.

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